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El problema no es que desatienda sus responsabilidades. Es que la gestión de cobros no puede ser una tarea más en la lista de alguien que ya va al límite o en un equipo diseminado sin un responsable claro.
En logística, el mayor retraso no siempre está en la carretera. Muchas veces está en una factura pendiente de cobro por una incidencia administrativa.
Según datos del Ministerio de Hacienda, las administraciones españolas acumulan 6.640 millones de euros en pagos pendientes. Hay ayuntamientos que superan los 150 días para pagar una factura, cuando la Ley fija 30. Pero para cuando reaccionan, ya llevan meses financiando a su cliente, la Administración.
La mayoría de las empresas tienen hoy procesos de facturación bien definidos e integrados en un ERP que emite, el cliente recibe, el pago llega. Todo automatizado y fluido para un 70-80% de las facturas, que se cobran sin mayor fricción.
El problema no es que desatienda sus responsabilidades. Es que la gestión de cobros no puede ser una tarea más en la lista de alguien que ya va al límite o en un equipo diseminado sin un responsable claro.
Muchas empresas siguen confiando en el seguimiento manual de facturas, en recordatorios esporádicos o en la buena voluntad del cliente. Y mientras tanto, el cash flow sufre, la tesorería se resiente y el equipo dedica horas a perseguir cobros en lugar de generar valor.